sábado, 2 de junio de 2012


Mi papá Guillermo y yo (Víctor Hugo), un 21 de Julio de 1969 -el día que hombre llegó a la luna-, estavamos en Cortadera, un paraje que queda a 75 Km del zanjón que corta el camino que va Rincón de los Sauces, hacia el oeste. Corría un viento y Guillermo había hecho pan casero y torta fritas, esa mañana. Cocinaba ravioles casero y yo sacudía -con un mantel- la tierra de la mesa, en tanto él colocaba los ravioles sobre la mesa y yo los tapaba con otro mantel.
Un colectivo viejo, sin vidrios, cuyas aberturas estaban tapadas por chapas hacía las veces de comedor. ¡Siempre, siempre!, tenía tiempo para enseñar los secretos de la cocina y en esa oportunidad me indicaba como hacer el tuco. Luego yo, desde unas damajuanas llenaba botellas chicas de coca con vino tinto y blanco. Poníamos la mesa, él plateaba la comida y yo hacía de mozo.
Lavaba los platos y limpiaba el piso y organizaba el torneo de truco.
En la quietud y a la luz de un chonchón, me dictaba la lista de mercaderías que necesitaba para seguir cocinando los días sucesivos. Hay que aclarar que papá no sabía leer ni escribir, sin embargo cuando se jubiló fue la escuela primaria y se recibió con todos los honores: mejor promedio, mejor compañero, abanderado y diploma de honor.


Se fue un gaucho argentino. Se llamaba Guillermo Tricanán. 
Había nacido en Barda Negra un 28 de noviembre de 1923, Falleció en Cutral - Có el 29 de mayo de 2012, a la edad de 88 años.
Amaba las cosas simples, sencillas y lugareñas. Vivió como pensaba, nunca traicionó su forma de pensar.
¡Papá se que peleaste hasta el final!, como peleaste todos los días de tu vida por llevar una vida digna. Te agradezco todas las enseñanzas, con tu filosofía de vida de hombre campero.
Hasta siempre, viejo. ¡Te voy a extrañar mucho!, pero entiendo que la muerte es parte de la vida.